Yo sé.

Yo sé. Sé que te mirás al espejo y ves tan sólo una sombra de lo que solías ser.

Sé que a veces despertás en las mañanas con esa estrepitosa incertidumbre: ¿Por qué demonios me estoy levantando? ¿A qué? ¿Para qué?

Sé que hay días oscuros en los que la nada lo invade todo como una enorme nube negra que te quita las ganas y te deja esa terrible sensación de que todo se volvió acuoso. Como cuando una gota cae sobre un papel escrito y lo estropea dejándolo ilegible.

Sé que hay momentos en lo que te sentís aislado de toda sensación y la vida te pasa por delante de los ojos como si no fuera tuya, como si fueras un mero espectador. La inercia te mueve pero nada circula. Tus ojos miran pero tu alma se esconde.

Sé que hay instantes donde un arrebato de bronca te hace sonreír tan sólo de pensar que al menos sentir bronca es sentir algo.

Yo sé. Estuve allí. Tuve veces, días, momentos, instantes. Tuve sombras, preguntas, nadas, el alma escondida y arrebatos de bronca.

Yo sé. Estuve allí. Viví tus veces, tus días, tus momentos, tus instantes. Sé que no los viví todos. Sé que hay piezas del rompecabezas que aún no me mostrás y piezas que aún me quedan por encontrar.

Algún día tus piezas y mis piezas, todas juntas sobre la mesa, formarán un enorme y hermoso rompecabezas. Tus nadas y mis nadas, tus todos y mis todos. Y cada uno tendrá la pieza que al otro le andaba faltando…

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